Sólo para que no esté tan vacío el blog, subo este microcuento escrito originalmente en enero de 2011. El año pasado lo reescribí, más extenso, pero ahora me di cuenta que me gusta más la versión original, así que aquí va:
* * *
Cada noche, el hombre salía de su
casa con su lámpara de parafina, y subía con esfuerzo la ladera hasta llegar a
la cima de la colina. Allí se echaba sobre el pasto, apagaba la lámpara, y se
quedaba un buen rato mirando las estrellas y la luna. Escuchaba los sonidos de
los grillos y los sapos, y de vez en cuando el de algún pájaro nocturno. Una
vez que le daba frío, se paraba, volvía a encender su lámpara, y regresaba a su
casa, aunque en ciertas ocasiones se quedaba allí un rato más, con la luz encendida.
Poco a poco se veía rodeado de polillas y pequeños insectos. Sólo en casos como
ése se sentía importante.
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