Un cuento cortito que tenía escrito a medias (uno de miles) y hoy me decidí a terminar. Bastante diferente tanto en tono y temática a lo típico mío, pero bueno, hay que innovar. ¡Aprecio comentarios!
* * *
Son las 3:27 y no logro conciliar el sueño. El techo es cada vez menos interesante, pero sigo con la vista fija en él. Decido levantarme. La ventana está abierta de par en par, pero de todos modos hace un calor agobiante. Me dirijo a mi escritorio y busco entre el desorden de papeles hasta volver a encontrar el diario de hoy. El de ayer, para ser estrictos.
Ahí está su foto, en la primera plana. Desde que supe del accidente sabía que tarde o temprano la vería allí, pero no por eso el golpe fue menor. Al menos ahora que la habían encontrado su familia podría llorarla en paz. El funeral sería mañana a mediodía. Tal vez podría ir, de incógnito. Pero sería de mal gusto. No, no debería.
Prendo un cigarro y me asomo por la ventana. Siempre me han gustado las noches de verano, pero hoy hace demasiado calor, un calor triste. Se escuchan risas en algún departamento de los pisos superiores, seguramente uno de esos universitarios estará de fiesta. Me gustaría tener alguna buena razón para reír. Cierro los ojos y siento una lágrima solitaria bajando por mi mejilla y perdiéndose en mi barba que lleva ya varios días sin afeitar.
Sin saber muy bien por qué, de pronto me encuentro vistiéndome y saliendo de mi departamento. Mientras camino por la calle llamo por celular a Elena. La he despertado, pero no parece enojada. Le pregunto si puedo ir a verla. Se sorprende pero acepta. Sigo caminando hasta que veo pasar un taxi en el que hago el resto del viaje.
Cuando abre la puerta me recibe en una ligera camisa de dormir. Me sonríe y me saluda con un abrazo. Siento su olor a algún perfume caro recién aplicado, mientras que yo huelo a cigarro, cerveza y sudor. Sabe por qué estoy ahí. Se enteró por la radio. Lo siento, tal vez prefieras que me vaya. No, dice que está bien, que me entiende. No nos veíamos hace mucho, lamento que sea en estas condiciones. Está feliz de verme otra vez, dice que no puede evitar pensar en mí todos los días. Lástima que lo nuestro no resultara. Igual que no resultó con ella, aunque fuera por otras razones.
Me invita a sentarme en el sofá y se tiende junto a mí. Siento su mano deslizándose suavemente por mi pelo. Apoyo mi cabeza en su hombro. Otra vez lo mismo, Elena. No hay forma de escapar. Veo como comienza a desabotonar mi camisa. Lentamente. Es demasiado. Me pongo de pie. Esto no está bien. No hoy. Me pregunta que para qué vine entonces. No lo sé. No sé qué estoy haciendo. No sé qué quiero. Mejor me voy.
Estoy abriendo la puerta cuando me toma del brazo y me dice que salgamos. Que caminemos un rato por la noche, como en los viejos tiempos. Ojalá fuera tan simple volver a aquellos días. No, ya no es posible. No después de ella y de todo lo que pasó por mi culpa. De todos modos acepto.
Por un buen rato permanecemos callados. No sé a dónde estamos yendo, yo simplemente camino y Elena me sigue. Entonces me toma la mano y me dice que vayamos más lento. Que vayamos a ese café al que solíamos ir. Está cerrado a esta hora. Dice que no importa.
Seguimos caminando en silencio. Su mano está demasiado caliente y empapada con el sudor de ambos. Quiero soltarla, pero me agarra con fuerza. Es como una tortura. Por favor...
Suficiente. Elena, suéltame. Por favor. Me mira. Me mira y dice mi nombre. Me mira, dice mi nombre, y dice que me ama. Esto no está bien. Déjame, por favor déjame.
Tiro con fuerza y logro zafarme de su mano. Doy dos pasos hacia atrás, me volteo y echo a correr. Me grita algo, pero no la entiendo. No quiero entenderla. Nunca podré entenderla, y ella nunca podrá entenderme. La única persona que alguna vez me entendió ya no está aquí. Corro, corro no sé a dónde, corro cada vez con más fuerza, como si ella me estuviera esperando al final.
Pero bien sé que lo único que me espera es una botella de cerveza.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario